Advertimos que esta opinión no se inspira en la obra del pintor genial de origen griego afincado en Toledo, sino en los informes del Grupo de Estados contra la Corrupción, aun cuando ambos fenómenos -separados por siglos- compartan la tendencia a una deformidad de las imágenes; estilizada y espiritualizada en los personajes obra del pintor, pero grosera y zafia en la imagen de nuestro mercado financiero que se infiere de los Informes del Grupo.
El pasado viernes día 1 de agosto, la página web del Consejo de Europa publicaba la siguiente noticia: “El Grupo de Estados contra la Corrupción publica dos informes donde evalúa los avances de España en la aplicación de sus recomendaciones para prevenir la corrupción”. Es relevante constatar que el Informe de cumplimiento más reciente fue aprobado en la reunión plenaria de GRECO de junio de 2025 y que aquella página web advierte: “los informes han sido publicados a petición de las autoridades españolas conforme a las normas de procedimiento del GRECO”. Pues bien, este Informe -de transparencia demorada- concluye diciendo: “Las recomendaciones aplicadas parcialmente se refieren a la necesidad de introducir normas sobre la forma en que los parlamentarios se relacionan con los grupos de presión y terceras partes que tratan de influir en el proceso legislativo, y a la necesidad de establecer por ley criterios objetivos y requisitos de evaluación para el nombramiento de los altos cargos de la magistratura. Otra recomendación aplicada parcialmente se refiere a la necesidad de mayores garantías en relación con el refuerzo de la independencia, la transparencia y la autonomía del Ministerio Fiscal. Este informe de seguimiento concluye con la 4ª ronda del procedimiento de cumplimiento en lo que respecta a España (parlamentarios, jueces y fiscales)”.
A la vista de la noticia referida y dado que las encuestas recientes nos sugieren que la corrupción política rampante no tiene repercusión sobre la intención de voto de una ciudadanía parcialmente polarizada y sectaria; nos parece que conviene ofrecer nuestra opinión sobre el coste financiero de la corrupción política para ver si el estómago (la economía) aviva las conciencias insensibles a la razón y la moral.
Es una evidencia incontestable que la injerencia política interfiere en los procesos de asignación eficiente de recursos hacia la inversión productiva. Es también una verdad refrendada por la práctica de todas las autocracias de distinto signo que aquellas injerencias políticas degeneran en corrupción por su propia dinámica interna ya que toda elección de inversiones sesgada por motivos políticos crea incentivos perversos para que las personas físicas primero, así como los partidos políticos y las asociaciones y empresas que los orbitan después detraigan de los canales de flujos dinerarios parte de ellos en su particular beneficio.
La historia reciente de la Nación doliente que habitamos es generosa en ejemplos de ello de los que seguidamente damos cuenta telegráfica.
La crisis de unas cajas de ahorro que, siendo las segundas patas del sistema financiero, desaparecieron del mapa por la insolvencia provocada por sus gestores politizados (de todo el espectro) e ignorantes, con un coste inmenso para los contribuyentes.
La gestión de las mascarillas, de las vacunas y de otras medidas de protección frente a la pandemia del COVID que sirvieron para desvíos de ingentes fondos públicos tan groseros como impunes.
La gestión de los fondos europeos tan groseramente diseñada para impedir el control de unos recursos públicos ingentes que, paradójicamente, debían servir para que la siguiente generación (la “Néxt Generation”) se recuperara de la pandemia del COVID.
Las concentraciones bancarias demoradas interesadamente por el poder político para satisfacer peajes -o ¿eran chantajes?- de fuerzas regionalistas (ficticiamente mayorizadas) hasta el punto de dificultarlas o imposibilitarlas financieramente y abocarlas al riesgo cierto de fracaso en daños de millones de pequeños inversores.
En fin, todos ellos son ejemplos del coste financiero que la corrupción política rampante ha tenido, tiene y, desgraciadamente, tendrá para nuestra Nación. Y todos ellos nos reafirman, lamentablemente, en la Teoría de la Injerencia Política en el Espacio Financiero (TIPEF) que formulamos en la entrada de este mismo blog del día 20 de julio pasado.