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El precio de las mediaciones internacionales del Reino de España: el coste financiero de un espectáculo insólito

Convendrán conmigo los lectores de este blog que los ciudadanos españoles asistimos -estupefactos- a  un espectáculo insólito en los países civilizados europeos en el que el partido que gobierna un Estado miembro de la UE está negociando aspectos vitales de su soberanía,  en un Estado extranjero ajeno a la UE, con un delincuente declarado prófugo por sus tribunales de justicia y bajo la supervisión -o el “relato”- de un ciudadano de un país extracomunitario, acostumbrado a “mediar” en conflictos bélicos entre guerrillas armadas en países tropicales.

Un espectáculo aberrante, insólito, indigno y asombroso de un Estado de Derecho miembro de la UE

Este panorama aberrante en cualquier Estado de Derecho se completa con diputadas que señalan –“nominatin”- a jueces desde el estrado del Parlamento para proferir amenazas tan groseras como punibles.

Pues bien se trata de un espectáculo no solo insólito (el DRAE define este término como “raro, extraño, desacostumbrado” y ofrece como sinónimos “extraño, inusual, infrecuente, inusitado, inaudito, raro, extraordinario, sorprendente, desacostumbrado, extravagante, desusado, peregrino”) sino también indigno (el DRA asocie este término con lo “que no tiene mérito ni disposición para algo” y ofrece como sinónimos “infame, despreciable, deleznable, detestable, abyecto, ruin, rastrero, vil, indecoroso, deshonroso, vergonzoso”). En todo caso, estamos ante un espectáculo que resulta asombroso que se produzca en un Estados miembro de la UE (el DRAE define el asombro como “gran admiración o extrañeza” y ofrece como sinónimos los de “pasmo, extrañeza, estupor, perplejidad, estupefacción, sorpresa, maravilla, fascinación, deslumbramiento”).

Una explicación de su coste desde la Teoría elemental de la gestión de carteras

Y, como es bien sabido que la sensación de asombro del ser humano parece estar en el origen de la Ciencia; intentaremos ofrecer algunas reflexiones objetivas -y, en la medida de lo posible, serenas y equilibradas- sobre el coste financiero que este espectáculo insólito de las mediaciones internacionales -que parece llamado a repetirse en un futuro inmediato de forma reiterada- este teniendo y tendrá para la reputación del Reino de España en los mercados internacionales, a los que está abocado a recurrir -cada vez en mayor medida- para satisfacer sus necesidades crecientes de financiación a la vista de la evolución del déficit público. Máxime cuando la propia AIREF ha calificado al plan de reducción del gasto público de “poco creíble y realista.

Para ello, acudiremos a la Teoría elemental de la gestión de carteras de inversión que nos dice que existe una relación de proporcionalidad directa entre riesgo y rentabilidad de tal modo que, a mayor riesgo que presente, en este caso un país como el nuestro; los inversores nacionales y, sobre todo, foráneos, exigirán una mayor rentabilidad para prestarle una misma cantidad de inversión. Ello ha quedado acreditado en el caso de España, en el pasado cercano,  con el descenso de la calificación crediticia de su deuda soberana otorgada por las agencias de rating globales que experimento en las últimas crisis financieras y que condujo a elevar la prima de riesgo (el lector interesado puede utilizar los motores de búsqueda de este blog empleando la palabra “rating” para verificar lo que acabamos de decir).

Los dos componentes del coste: el precio oculto de los servicios de mediación y el coste reputacional para el Reino de España

Pues bien, si abordamos un análisis técnico-financiero del coste para el Reino de España de las mediaciones internacionales insólitas antes descritas, podemos distinguir, “prima facie” dos componentes que son:

a) El precio directo de los servicios de mediación, componente previsiblemente elevado pero por completo opaco en cuanto a la entidad o persona pagadora y cobradora, la cuantía y las restantes condiciones normales en cualquier pago como el plazo, el medio, etc. Nos encontramos con una práctica institucional -por cuanto implica a entidades de interés público como gobiernos y partidos políticos- por completo contraria a las exigencias mínimas de transparencia que pudieran alimentar dudas razonables sobre el destino adecuado de los fondos públicos implicados que pudieran malversarse.

b) El coste reputacional para el Reino de España (el DRAE define la reputación como la “opinión o consideración en que se tiene a alguien o algo. (…) Prestigio o estima en que son tenidos alguien o algo”). Es de todo punto evidente que las pintorescas mediaciones internacionales están teniendo ya y tendrán en el futuro inmediato un coste financiero seguro imposible de calcular con exactitud en la actualidad.

Sin perjuicio de ello y dado que los Estados soberanos, cuando acuden a los mercados financieros internacionales en busca de financiación, se comportan de forma semejante -con las evidentes diferencias- a las empresas, pueden ser muy útiles para anticipar el descalabro seguro del crédito internacional del Reino de España las teorías económicas clásicas que sirven para medir la reputación corporativa (definida como el conjunto de apreciaciones que los diferentes públicos tienen sobre una organización, que se forman sobre la base de las diferentes actuaciones que realiza y por las consecuencias que dichos actos generan en los ámbitos en los que desarrolla sus actividades) o la mercadotecnia reputacional; sin olvidar la amplísima doctrina jurisprudencial sobre la reputación empresarial en la Ley 3/1991, de 10 de enero, de Competencia Desleal.

Conclusión: el coste reputacional para el Reino de España y el efecto potencialmente contagioso sobre la UE en su conjunto y el resto de Estados miembros

En conclusión, las pintorescas, indignas y asombrosas mediaciones internacionales en las que se esta viendo implicado el Reino de España no serán gratuitas en el mercado financiero internacional a corto y a largo plazo. Y conviene advertir también que el descrédito del Reino de España en los mercados financieros internacionales tendrá un efecto potencialmente contagioso sobre la UE en su conjunto y el resto de Estados miembros porque, por ejemplo, un inversor norteamericano, australiano o asiático no versado en la idiosincrasia de los países europeos podría sacar una impresión distorsionada de este espectáculo lamentable que le llevara a rehuir una inversión en deuda soberana. Es por ello por lo que nos parece que este «sainete grotesco» al que asistimos esta poniendo en riesgo no solo la reputación del Reino de España como actor de los mercados financieros globales, sino también la de UE en cuanto organización de Estados de Derecho soberanos y con separación de poderes, en definitiva, civilizados.

Una partida más del pasivo del “balance de la infamia”

Seguimos con esta entrada el sendero triste de las cinco anteriores sobre “el precio de la desigualdad”; “el precio de la balkanización”; “el precio del descrédito” y “el precio de la imprudencia” y el precio del dispendio” como otras tantas partidas del “balance de la infamia”. Y, en este sentido, queremos acabar esta entrada compartiendo dos pensamientos de sendos sabios universales:

Sin justicia, ¿Qué otra cosa es el Estado que una gran banda de ladrones?

Agustín de Hipona

La política es el camino para que los hombres sin principios puedan dirigir a los hombres sin memoria

Voltaire