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Inteligencia artificial, implantes cerebrales y responsabilidad

La prensa del pasado miércoles, 8 noviembre, bajo el titular “Elon Musk busca voluntarios para implantar su chip cerebral revolucionario (EL MUNDO) nos ofrecía una noticia que nos invita a compartir con los lectores de este blog algunas reflexiones, por cuanto abundan en ciertos síntomas preocupantes de especulación y burbuja inversora y apuntan a unas futuras responsabilidades penales, civiles y administrativas que resulta prudente anticipar para estar prevenidos, cuando lleguen (que, sin duda, llegarán).

A) La noticia: Los ensayos de Neuralink Corp para combatir enfermedades que afectan al cerebro mediante la implantación de un innovador chip cerebral

Entre otras cosas, la noticia relatabalo siguiente (las negritas son nuestras): “Neuralink, la empresa de neurotecnología del multimillonario, ya tiene luz verde del Gobierno de EEUU para iniciar los ensayos con humanos. Elon Musk quiere revolucionar el mundo de la salud. El magnate pretende, a través de su empresa de neurotecnología Neuralink Corp, combatir enfermedades que afectan al cerebro como la ceguera o diferentes tipos de parálisis mediante la implantación de un innovador chip cerebral. El implante, del tamaño de una moneda, tendrá la misión de recabar datos del cerebro y trasladarlos de manera inalámbrica a un ordenador o tablet con el fin de obtener información útil de la actividad cerebral y poder interpretar los pensamientos de las personas. La empresa de Musk ya ha recibido la autorización de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA) para iniciar los ensayos clínicos del chip en 2024 (…).En este proyecto existe hoy en día una feroz competencia para Musk, sobre todo a través de dos empresas: Synchron y Onward. Estas compañías ya llevan más de un año desarrollando implantes cerebrales y tecnología relacionada con la interpretación de los pensamientos. El proyecto pretende realizar 11 cirugías en 2024, 27 en 2025 y 79 en 2026. Tras estos primeros ensayos, quieren aumentar los implantes y hacer 499 cirugías en 2027, hasta llegar a las 22.204 en 2030”.

B) Las consecuencias y los riesgos jurídicos

Una primera lectura de tan encomiable iniciativa en pro de la salud cerebral del género humano no puede más que despertar en nuestro espíritu -como parte minúscula de la especie- admiración y agradecimiento. Ahora bien, sin perjuicio de esta gratitud inicial, nuestra limitadísima inteligencia natural nos permite vislumbrar algunos síntomas preocupantes en la evolución más reciente de los avances asombrosos de la IA que, a nuestro juicio, inciden en sus riesgos financieros y, sobre todo, en sus riesgos para la libertad del ser humano; tal y como lo conocemos (o mejor sería decir, como nos gustaría que fuese). En efecto, dado que es bien sabido que la imaginación de los tontos es infinita y cabe inferir que la de los sistemas de IA es muy superior (¡ojo!, nos referimos a la imaginación, no a la estupidez), por su capacidad de procesamiento de la ingente información disponible, una reflexión más detenida nos invita a meditar sobre sus consecuencias y riesgos jurídicos en dos sentidos:

a) Riesgos y responsabilidades directas por el mal funcionamiento de los implantes cerebrales en la salud de los recipiendarios

Es de todo punto evidente que los eventuales fallos -que serán inevitables- de estos sistemas de IA de altísimo riesgo plantearán problemas de  responsabilidades penales, civiles y administrativas con aspectos del todo novedosos que afectarán a la imputabilidad, la causalidad, la valoración del daño emergente (incluido el moral) y el lucro cesante y tantos otros.

b) Riesgos y responsabilidades indirectas por el mal funcionamiento de los implantes cerebrales en la salud de la Economía mundial

No hace falta esforzarse mucho para avizorar los riesgos y  responsabilidades indirectas por el mal funcionamiento de los implantes cerebrales en la salud de la Economía mundial en dos formas:

b.1) En forma macrojurídica, por ejemplo, en la defensa de la estabilidad del sistema financiero frente a burbujas especulativas o de la protección de la libre competencia empresarial.

En este sentido, poníamos punto final a la entrada de ayer 22 de noviembre de este blog, titulada “Inteligencia Artificial Segura: Declaración Internacional de Bletchley de 1 de noviembre de 2023 sobre la Seguridad de la Inteligencia Artificial. Síntomas preocupantes de especulación y burbuja inversora” y dedicada fundamentalmente a glosar la Declaración de Bletchley de los países que asistieron a la Cumbre de seguridad de la IA, 1 y 2 de noviembre de 2023; con una advertencia sobre sobre algunos síntomas preocupantes de especulación y burbuja inversora en el sector de la IA.

b.2) En forma microjurídica, por ejemplo,  en forma de demandas de responsabilidad civil por el uso de estos implantes para incrementar la eficiencia en la prestación de servicios financiero comp puede ser la gestión de carteras de inversión.

En este sentido, en la entrada de este blog del 19 de enero de este año 2023 sobre “La responsabilidad civil derivada de la aplicación de la inteligencia artificial. Un caso paradigmático. Ponencia en la Webinar de la Escuela de Práctica Jurídica del 18 de enero de 2023” planteábamos un caso paradigmático de demanda de reclamación de indemnización por la responsabilidad civil derivada del mal funcionamiento de un implante cerebral de un implante cerebral empleado por un banco para optimizar la gestión de las carteras de valores de sus clientes con la ayuda de un algoritmo; todo elo con la vista puesta en la Propuesta de Directiva sobre responsabilidad en materia de IA de 28 de septiembre de 2022 (a la que nos referimos en las entradas de este blog publicadas los pasados días 14 y 15 de diciembre de 2022 sobre la “Inteligencia Artificial Responsable (IAR): la Propuesta de Directiva sobre responsabilidad en materia de IA de 28 de septiembre de 2022”).