El Máster en Comunicación y Manipulación (MACOMA) y el extraño caso de la monjita integrista. Un hermoso cuento de navidad

 

FIRMA INVITADA: JAVIER FERNANDEZ ALEN

 

El Máster en Comunicación y Manipulación (MACOMA)

En el proceso de culminación de su amplia y variada oferta formativa de este fecundo año 2018, las autoridades académicas de la Universidad Total Trasatlántica (UNITONTA) nos informan del lanzamiento de un nuevo master, el Máster en Comunicación y Manipulación (MACOMA) que, al igual que los masters anteriores, no es fruto de la improvisación, sino del trabajo concienzudo de investigación de su famoso equipo multidisciplinar de sabios docentes, pedagogos, psicólogos, filósofos y sociólogos que tiene establecido de forma estable la UNITONTA.

En efecto, este nuevo MACOMA nace de una doble observación de la actualidad más reciente: Por una parte, el grado de manipulación de la opinión pública al que están llegando los políticos y otras especies de comunicadores. Si bien es cierto que la manipulación de la opinión pública esta alcanzando un grado creciente de grosería y falta de sentido artístico que recomienda profesionalizar en forma de máster universitario el oficio de manipulador/a de pensamientos para que, al menos, se manipule con cierta elegancia. Por otro lado, la constatación en un informe auspiciado por la conferencia de rectoras y rectores de las universidades públicas y privadas españolas de la decreciente demanda de grados y la creciente de masters universitarios. Constatación esta sin duda sorprendente cuando se analizan los niveles paupérrimos de calidad universitaria a los que están llegando los grados y la sobreabundancia de masters dedicados, además, a enseñanzas tan transversales -al tiempo que aparentemente incompatibles con la enseñanza científica- como el oficio de “influencer”, también ofrecido por la UNITOMTA y del que ya nos hemos ocupado en este blog..

Pues bien, a partir de estas dos constataciones, el equipo multidisciplinar de sabios de la UNITONTA -aplicando otro de los emblemas de la casa que nos dice que “La ignorancia es enciclopédica porque abarca todos los saberes”- ha diseñado el Máster en Comunicación y Manipulación (MACOMA) que puede ser combinado -con una notable reducción de precio, propia de cualquier “combo” universitario que se precie- con el Master en Corrección Política (MACOPO) y con el Curso de Razonamiento Flexible (CURAFLEX), que hemos publicitado en las dos entradas precedentes. En efecto, toda persona con sanas ambiciones políticas puede combinar el MACOMA con aquellos otros dos masters.

 

El extraño caso de la monjita integrista

Como es preceptivo en todo Master, el MACOMA culmina con la presentación de un Trabajo de Fin de Master (TFM) elaborado por la o el estudiante bajo la atenta tutoría de un profesor. Y, en esta primera edición, el TFM que obtuvo la máxima calificación y fue premiado con la distinción de “TFM Excelente” fue el que llevó por título: “Integrista cristiana acosa a un pobre indigente”. Se trataba de un TFM redactado a modo de artículo periodístico susceptible de presentarse en formato papel u otro formato audiovisual que cuenta la historia siguiente:

Una monjita de un comedor social para vagabundos, indigentes y demás desfavorecidos por la opulenta sociedad en la que vivimos llamada Sor Dulzura tuvo la inocente idea de deslizar en la bandeja de la comida de un indigente de nombre -de sugerentes resonancias revolucionarias- Vladimiro una estampita de la patrona de su congregación, “Santa Leocadia del alimento imperecedero”, advocación que responde a la voluntad de la congregación de servir en sus comedores sociales alimentos en óptimas condiciones, siempre alejados prudentemente no solo de las respectivas fechas de caducidad, sino incluso de las de consumo preferente.

Pues bien, el conflicto surgió cuando el indigente Vladimiro descubrió la estampita de “Santa Leocadia del alimento imperecedero” y se vio alterado, y acosado en sus profundas convicciones democráticas, lanzando la estampita al suelo del comedor social, mientras gritaba -un tanto animado por el alcohol previamente ingerido- que la monjita estaba coaccionando su libertad de conciencia. De nada sirvió que Sor Dulzura retirara de inmediato la estampita y pidiera disculpas al indigente librepensador porque un comunicador progresista, llamado Eugenio, enterado del incidente, vio la oportunidad de hacer un reportaje sugerente que tituló: “Integrista cristiana acosa a un pobre indigente”.

Como el comunicador Eugenio cursaba el MACOMA -junto con el Curso de Razonamiento Flexible CURAFLEX y el Master en Corrección Política MACOPO- en la UNITONTA, estaba preparado para sacar el mayor partido posible a una noticia aparentemente anodina. Y así, elaboró el mencionado “TFM Excelente” de título: “Integrista cristiana acosa a un pobre indigente”; en el que, naturalmente, comenzó por atribuir al indigente Vladimiro una biografía de luchador por la libertad que no se correspondía con la realidad, pero era verosimil si se sabía construir con algo de imaginación. Así, partiendo de la ficha policial de Vladimiro, plagada de detenciones e incidentes por desórdenes públicos y otro tipo de altercados motivados por su desmedida afición al morapio, los transformo en actos heroicos de resistencia antifascista. Encontramos aquí una muestra de manipulación elegante, cuasi artística.

El artículo de Eugenio tuvo tal difusión por las redes sociales que, en 24 horas, se habían congregado ante el comedor social aledaño al convento de las monjitas cientos de personas de muy variados sexos que clamaban, enfurecidas, por la libertad de conciencia de Vladimiro y de otros colectivos oprimidos por la congregación de monjitas al grito de “estampitas asesinas” y otros semejantes.

 

 Los “Indignados Congregados por la Libertad de Conciencia” (INCOLICOS) y los “Grupos de Indignados de Lucha Inmediata” (GILIS)

Lamentablemente, la voluntad de diálogo inicial que expreso ante los medios de la lideresa del colectivo de “Indignados Congregados por la Libertad de Conciencia” (INCOLICOS) -que así se denominó el grupo de personas espontáneamente reunidas ante el comedor social aledaño al convento- degeneró en graves incidentes causados por los “Grupos de Indignados de Lucha Inmediata” (GILIS), que se constituyeron de manera inmediata y espontánea al calor de los INCOLICOS y que incendiaron el comedor y, de paso, el convento. Si bien es cierto que estos últimos se desligaron rápidamente de las acciones de los GILIS y emitieron un comunicado -que también se difundió de inmediato por las redes sociales- calificándolos de grupos de incontrolados que en ningún momento expresaban la voluntad pacífica y dialogante del colectivo de los INCOLICOS, pero cuya reacción era hasta cierto punto comprensible por inevitable, fruto de la provocación de la monjita con su estampita.

 

Resultado y moraleja de este hermoso cuento de navidad

El resultado último de la publicación del citado TFM excelente del MACOMA en forma de artículo titulado “Integrista cristiana acosa a un pobre indigente” fue que el comedor y el convento aledaño de las monjitas fueron pasto del fuego; los GILIS fueron absueltos porque la autoridad judicial competente encuadro sus actuaciones incendiarias dentro del amplio margen del ejercicio del derecho a la libertad de expresión, que, según la justicia constitucional, ampara estas expresiones flamígeras; y la orden religiosa fue encausada por incitar al delito de odio, por tratar que Vladimiro contemplara la estampita de «Santa Leocadia del alimento imperecedero».

Y la moraleja de este hermoso cuento de navidad es que la libertad de expresión y de acción es un bien precioso que avanza incontenible -cual tsunami- por nuestra sociedad, arrasando cuantos obstáculos retrógrados se le opongan. Sin perjuicio de ello, animo a la amable lectora o al amable lector a que se haga la pregunta clásica de ¿Quo vadis?