Blockchain y criptomonedas. Logius nos descubre la felicidad digital individual y universal

 

Firma invitada: Javier Fernandez Alen

 

Me asomo de nuevo a este blog en esta serie de sátiras estivales gracias, una vez más, a la generosidad de su anfitrión para relatarles una historia asombrosa, al tiempo que ejemplar. Antes de entrar en el relato prometido, debo añadir que la generosidad del anfitrión raya, en este caso, la santidad porque comparezco en esta ocasión para criticarle de manera respetuosa al tiempo que contundente e inmisericorde. Me explico: el anfitrión de este blog ha dedicado algunas entradas a poner en duda la infalibilidad y la seguridad absoluta del blockchain y de las criptomonedas con el timorato -al tiempo que antiguo- argumento de recurrir a ciertos escándalos financieros que ya han acaecido en este moderno espacio digital ocasionando pérdidas a numerosos inversores. Me refiero, por ejemplo, a la entrada del pasado 11 de julio -titulada “Criptomonedas: prevención de su utilización para el blanqueo de capitales o la financiación del terrorismo. Directiva (UE) 2018/843”- en la que el anfitrión tuvo el mal gusto de recordar el escándalo protagonizado, en el año 2016 desde los EEUU, por la Organización DAO que se definía como una organización autónoma descentralizada que servía de vehículo para inversiones en capital-riesgo y que utilizaba la tecnología  blockchain Ethereum.

Por el contrario, yo quiero profesar desde estas páginas mi fe ilimitada en estas nuevas criaturas digitales. Empezaré por recordar un acontecimiento reciente en mi vida. Hace un par de días, un amigo mío recibió un correo electrónico que -con el sugerente título de “Ganar oportunidades. Cómo ganar dinero con bitcoin automáticamente”- le informaba de que una de las mayores oportunidades de ganar dinero en 2018 es el bitcoin, ya que, durante el pasado año 2017, 9 de cada 10 millonarios se han convertido en tales gracias a esta moneda digital. Y, para seguir tan virtuosa senda, le animaba a aprovechar un programa para generar una entrada automática con unos minutos de trabajo, advirtiendo que el acceso al programa era limitado, sin perjuicio de que, en una muestra notable de generosidad comercial, se lo daban a los suscriptores exclusivamente. Y, acababa diciendo: “si desea aprovechar esta oportunidad regístrese haciendo clic aquí”.

El profundo impacto que produjo en mi conciencia la noticia de esta comunicación recibida por mi amigo obró en mi mente una suerte de revelación mística que me ha llevado, junto a otras circunstancias, a abrazar la fe digital que quiero extender e ilustrar con un nuevo relato ejemplar que, en este caso, tiene de nuevo por protagonista a Logius; en el mundo Eulogio Pérez, aquel estudiante de luces cortas y ambiciones largas que se ha convertido en un líder social tras un completo proceso formativo que describimos en nuestra anterior entrada furtiva de este blog  del pasado día 12 de julio, que lleva por título “Logius. Candidato a presidente. Una historia de éxito”. Podemos añadir ahora que Logius alcanzo las máximas calificaciones en el master de liderazgo social porque reúne las cualidades idóneas para interrelacionarse con millones de seguidores en las redes digitales hasta el punto de que  algún colega mal pensado y envidioso de su fortuna llegó a calificarlo -sin duda, para socavar su prestigio digital- de tonto “esférico”, porque lo es lo mires por donde lo mires; “caleidoscópico”, porque las facetas de su estupidez van cambiando de aspecto con el movimiento;  “solemne”, porque rodea sus afirmaciones simples de un aspecto transcendental; e “incansable”, porque es bien sabido que los tontos sufren, como una maldición de los dioses, el serlo las 24 horas del día, característica que los distingue de los malos y los hace mucho más peligrosos que estos últimos que, de vez en cuando y por mero despiste, descansan en su maldad.

Entrando ya, sin mas preámbulos, en el relato ejemplar prometido debo señalar que se trató del increíble viaje de Logius al Nuevo Mundo que le llevo a él a descubrir la fe digital y a mí a abrazarla de forma incondicional.

La primera parte del viaje asombroso se desarrolló en la hermosísima isla de Puerto Rico donde Logius acudió a una convención de los llamados  “criptohippies” que celebraron en varios hoteles lujosos del Viejo San Juan el estreno de una nueva moneda virtual que responde al nombre eufónico de Good Money. Y, sobre esta sólida base, aquellos multimillonarios (en dólares de curso legal) anunciaron el advenimiento de una nueva “criptoutopía”  y los primeros pasos para construir una nueva sociedad abierta que, sobre la base de las criptomonedas, se construirá conforme a los principios de descentralización, transparencia y accesibilidad bajo el liderazgo -como es imprescindible en todo movimiento mesiánico- de un ciudadano norteamericano que cambio su profesión inicial de actor (¡cuánto juego han dado al bienestar de la humanidad los actores estadounidenses retirados!) por las inversiones tecnológicas dirigidas, en particular, a las criptomonedas, con las que ha logrado labrarse una enorme fortuna que de inmediato transformó en moneda clásica fiduciaria (dólares).

Pues bien, allí Logius pudo comprobar cómo algunos de los multimillonarios digitales cerraban magníficos negocios en la nube, al tiempo que predicaban la nueva fe de las criptomonedas al resto de la población, gracias a algunos medios de comunicación -como no, digitales- de su propiedad. Es más, Logius pudo comprobar cómo había cientos de nuevos multimillonarios en los barrios más humildes del propio San Juan, de Arecibo, de Ponce y de otras muchas poblaciones boricuas que habían invertido sus modestos ahorros en las plataformas digitales y ofertas iniciales de criptomonedas con solo disponer de un ordenador y estaban esperando que las promesas de riqueza digital se cumplieran; lo que es inminente según los consejos de los “criptohippies”.

Pero el viaje de Logius al Nuevo Mundo no acabó con esta asombrosa revelación de la riqueza digital ilimitada sino que se completó cuando subió desde el Estado Libre Asociado a la Metrópoli para asistir a un curso de felicidad digital en la prestigiosa Universidad de todos los Lagos (grandes y pequeños). Allí asistió a varias jornadas inspiradoras de un master que llevaba por nombre: “Sé feliz viviendo en la nube (digital)”. En aquellas jornadas varios destacados psicólogos y psiquiatras, amén de filósofos (todo ellos conductistas) expusieron -a cambio del módico precio de 3.000 dólares de curso legal (había un cartel a la entrada de recinto universitario que advertía, al modo de lo que hacían los antiguos talleres de reparación de vehículos con los talones bancarios: “no se admite el pago en criptomonedas”)- decálogos elementales sobre la felicidad digital que se basaban fundamentalmente en la siguiente actitud: mirar fijamente a la cámara del ordenador y sonreír porque los bioquímicos (que también los había) descubrieron que la enzima 110460ajth garantizaba la secreción por la glándula tiroides de un fluido que comportaba una sensación placentera ilimitada.

El cúmulo de las dos experiencias habidas por Logius allende los mares le ha llevado a encerrarse durante estas últimas semanas para combinar enseñanzas y redactar el “Manual de la felicidad digital (como ser feliz invirtiendo en criptomonedas) De enzimas y algoritmos” en el que Logius explicará de forma brillante y evidente como el futuro de la Humanidad estará basado en la riqueza inagotable y en la felicidad permanente gracias al uso que los líderes  como él harán de los algoritmos para generar riqueza digital ilimitada y repartirla entre cientos de miles (cuando no millones) de nuevos multimillonarios y de las enzimas para que la mirada fija sonriente a la cámara del ordenador garantice la felicidad permanente de quienes serán, además, multimillonarios digitales. Y, como colofón a este nuevo y exitoso Manual, Logius tiene proyectadas dos iniciativas complementarias que son: por una parte, la creación de una plataforma digital para comercializar la “Cripto Happy” y, por otra parte, el “Master en blockchain, criptomonedas y felicidad digital”; al que estoy deseando acudir como su primer y más ferviente alumno.

Y, cuando los críticos y agoreros de siempre pongan en duda las iniciativas de Logius movidos sin duda por la cerrazón y la envidia y digan que, en lo económico, existe la escasez y el reparto desigual de la riqueza y que la historia nos enseña que dicha riqueza tiende a concentrarse en unas pocas y mismas manos u objeten que el rictus sonriente hacia la cámara digital sólo logrará causar miopía y tortículis; será llegado el momento en el que Logius -en su condición de líder de las masas-  les demostrará que, dado que las monedas digitales se pueden crear de forma virtual, habrá que superar el penoso síndrome de la escasez que domina la economía (ciencia triste donde las haya) desde Adam Smith (un viejo autor a superar) y que la sonrisa será suficiente porque, en las pantallas, los otros muchos líderes les mostrar a los caminos de las ideas progresistas.

Pero mucho nos tememos que siempre quedará algún pensador atrasado que alimentará su escepticismo leyendo en libros viejos y sospechosos como la Biblia que “todas las cosas tienen su tiempo:  todo lo que pasa debajo del sol tiene su hora (…) hay un tiempo de buscar y tiempo de perder; tiempo de guardar y tiempo de tirar”.