¿Vuelan los burros? Informes que justifican lo imposible

Firma invitada: Javier Fernandez Alén

 

En los últimos tiempos tenemos noticia de informes magníficamente retribuidos que –en contra de toda evidencia- pretenden justificar que el aislamiento de determinados países o regiones es el mejor camino hacia su crecimiento económico, que el mantenimiento de determinados privilegios fiscales arcaicos es perfectamente compatible con la solidaridad entre regiones o que buscan dar amparo a parecidos insultos a nuestra inteligencia o, lo que es aún peor, al más elemental sentido común.

Lo anterior nos evoca un relato –que tiene algo de fábula, dado el carácter de animal (cuadrúpedo) de alguno de sus protagonistas- que con cierta frecuencia expongo a mis alumnos con gran deleite de sus destinatarios  como muestra de lo que es el cinismo profesional y que podríamos titular: “De cómo vuelan los burros” y dice como sigue:

 

“Un importante empresario del sector ganadero que se ve necesitado de percibir determinadas ayudas públicas se dirige a un prestigioso experto en zoología y le solicita un informe que debe concluir diciendo que los burros vuelan a cambio de pagarle unos honorarios de 10.000 euros.

 Naturalmente que el experto se niega a realizar dicho informe y le comunica que es un auténtico insulto a su prestigio que haya pensado en él como autor de semejante desatino que no haría ni por todo el oro del mundo.

 Como el empresario sigue interesado en el informe, le ruega disculpas al experto por desmerecer su prestigio profesional, pero insiste en su solicitud duplicando los honorarios que le ofrece hasta alcanzar los 20.000 euros. El experto acepta las disculpas, pero insiste en su negativa a realizar el informe solicitado porque podría dañar muy gravemente su buen nombre.

 Dado que el vencimiento de la fecha para solicitar la ayuda pública ganadera se acerca, el empresario insiste en la solicitud del informe y quintuplica la cuantía de los honorarios ofrecidos hasta llegar a los 50.000 euros. Ante tamaña muestra de generosidad y, mas aún, de aprecio y respeto profesional por el experto zoólogo; este le comunica que se retira unos días a reflexionar sobre la posibilidad de realizar aquel informe que justifique que los burros vuelan.

 Pasados unos días, el experto remite un borrador de informe con la conclusión siguiente:

 

“Es manifiesto que el burro no es un animal volador por su naturaleza intrínseca. Pero también es cierto que, en algunas ocasiones, se ha comprobado la hipótesis de que, en una caída accidental de cualquier tipo de animal no volátil desde una altura igual o superior a un edificio de 50 plantas, el animal, en su caída, se desplaza no solo en sentido vertical, sino que experimenta movimientos horizontales en función del viento que en ese momento se produzca. Por lo que, en definitiva, podemos decir que, en determinadas circunstancias, un burro puede desplazarse en el aire en sentido no solo vertical sino también horizontal. Y si a ello añadimos que el hecho de volar es compatible con desplazamientos horizontales, cabe concluir que, no siendo el burro animal volador de por sí, no cabe descartar que, en determinadas circunstancias, pueda realizar movimientos en el aire compatibles con el vuelo”.

 

Remitido el borrador de informe al empresario y preguntado este por parte del experto sobre si aquella conclusión le es bastante para solicitar la ayuda pública con posibilidades de éxito, este le contesta que sí; con lo que el experto emite su informe definitivo, lo remite al empresario y ésta le paga los 50.000 euros prometidos. Y aquí paz y, después gloria”.

 

Invito al lector de este blog –que, por serlo, presumo inteligente- a identificar en su experiencia casos de informes parecidos que buscan demostrar lo imposible (o, cuando menos, improbable).