La “refundación” de la UE y las consecuencias negativas del BREXIT para la economía británica

A lo largo de este mes de agosto se han venido sucediendo noticias sobre el impulso revitalizador que se quiere dar a la UE tras el BREXIT y las consecuencias negativas que este salida diferida del RU está teniendo para la Economía británica. Y ambas noticias, siendo dispares en su alcance y en sus dimensiones, comparten el denominador común de mostrar la importancia que la libertad de movimientos de personas y capitales tiene para el progreso de las naciones y, por contra, los efectos negativos que producen en el bienestar de los pueblos las restricciones.

Y esta reflexión es pertinente para valorar adecuadamente las opiniones de los nuevos euroescépticos que, desde el mismo 24 de junio,  han venido restando importancia a las consecuencias del BREXIT tanto para el RU como para el resto de Estados miembros de la UE y explicándolo –cuando no justificándolo- como un fenómeno perfectamente  previsible, causado por la cerrazón inflexible del resto de Estados comunitarios.

Primero, en cuanto se refiere a la “refundación” de la UE,  la prensa del pasado 23 de agosto (diario ABC) ofrecía el titular de “Merkel, Hollande y Renzi quieren refundar Europa tras el Brexit” para dar cuenta de la reunión mantenida por los mandatarios de tres de los Estados fundadores de la UE en la isla italiana de Ventotene, preparatoria de la cumbre informal de Bratislava que mantendrán los 27 Estados de la UE el próximo 16 de septiembre, por vez primera sin la presencia del EU. En cuanto se refiere a los aspectos financieros de la integración europea, conviene destacar la insistencia de Italia en reclamar que el Pacto de Estabilidad y los criterios de austeridad consiguientes se apliquen con flexibilidad. Flexibilidad en la que ha insistido Italia antes y después de esta fecha y que tienen sus consecuencias en los criterios de compatibilidad de las ayudas públicas a la banca italiana con la competencia en el mercado bancario europeo, cuestión ésta a la que nos henos referido en entradas previas de este blog.

Segundo, en lo que afecta a las consecuencias negativas del BREXIT para la economía británica, la prensa del pasado 10 de agosto (diario El Pais), bajo el titular de “El Brexit comienza a hacer mella en la Economía británica” daba cuenta de un estudio del Instituto Nacional de Investigación Económica y Social (NIESR) que constataba cómo el PIB del RU había descendido un 0’2% el pasado mes de julio y como era previsible que entrara en recesión a finales del año 2017. Más tarde, el 23 de agosto, la prensa (Diario El Mundo), bajo el titular de “El fantasma de la recesión ya acecha a la Economía británica por el BREXIT”, reflejaba la previsible contracción del PIB del RU en un 0,4% en el tercer trimestre de 2016, el desplome de le libra frente el dólar y el euro y el descenso del nivel de confianza de los consumidores.

En fin, sirvan estas líneas para recordar que, por muy fuerte que queramos cerrar los ojos, cuando los volvamos a abrir, veremos que las consecuencias económicas negativas para el RU y para la UE de una decisión tomada por un 51.9% de la población británica (por lo tanto, con un 48.1% en contra) seguirán estando –como el dinosaurio del famoso microrelato- ahí.  Y, por ello, sirvan también estas líneas para mostrar que los procesos de desintegración de los espacios –nacionales, multinacionales o globales- de libertad de movimientos de personas y capitales no son eficientes para el progreso de los pueblos ni para el bienestar de las naciones.