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Un libro necesario: “La ética en el Derecho de los mercados financieros” de Luis María Cazorla Prieto

 Hace unos días se ha publicado, en la colección de Cuadernos Cívitas, de la editorial Thomson Reuters, una obra de la que queremos dar cuenta tanto por su contenido como por su autor. Se trata del libro “La ética en el Derecho de los mercados financieros” de Luis María Cazorla Prieto (151 páginas).

 

Conocemos desde hace ya muchos años a Luis María Cazorla Prieto, quien reúne –entre otras muchas-  la condición de ser el  Secretario General del Consejo de Bolsas y Mercados Españoles (BME), atalaya privilegiada que le permite vislumbrar los movimientos regulatorios de los mercados financieros y entrar en las cuestiones radicales para el buen orden de dichos mercados. Y, en este sentido, la obra señalada nos ofrece una serie de reflexiones extremadamente interesantes sobre la relación siempre tan fructífera como inestable entre las normas de deontología profesional y las normas propiamente jurídicas en el proceloso mundo de los mercados financieros. Distinción imprescindible para saber cuándo atravesamos la “delgada línea roja” que separa las sanciones  propias de la moral profesional colectiva de las sanciones personales o patrimoniales amparadas por la coacción legítima y organizada del Estado, propia de la contravención de las normas jurídicas.

 

El libro del profesor Cazorla se asienta sobre un razonamiento de estructura sólida y clara que parte de una delimitación inicial de las categorías epistemológicas implicadas, distinguiendo, en particular,  en su capítulo IV  “de la ética en sí a la ética en el Derecho”; para seguir con una referencia general a “las reglas éticas que deben imbuir la actuación en el Derecho de los mercados financieros”, en su capítulo V. Una vez que nos ha situado en el lugar adecuado y nos ha proporcionado los instrumentos de análisis necesarios, el profesor Cazorla expone los aspectos específicos de la ética en los mercados financieros, como son “los códigos de conducta como antesala de la penetración de la ética en el Ordenamiento jurídico” (capítulo VI); “las normas de conducta en los mercados financieros” (capítulo VII); el “abuso de mercado”, con referencias a los dos tipos principales de abusos, tanto informativos (mediante la información privilegiada) como operativos (mediante la manipulación de precios) (capítulo VIII); y la “responsabilidad social corporativa” (capítulo IX).

 

Nos encontramos ante una obra “radical”, porque reflexiona sobre las raíces de la regulación del mercado financiero que nacen del “factor humano” implicado que es, en definitiva, el preponderante en el comportamiento de los mercados financieros como resultante final de las conductas simultáneas de millones de seres humanos comprando y vendiendo valores negociables. Porque no olvidemos que los estudios más profundos de Galbraith sobre la crisis bursátil de 1929 concluyeron identificando a una pasión tan humana como la avaricia en el fondo de las conductas que ocasionaron aquella crisis.

 

Es más, nos parece que este tipo de obras de reflexión profunda sobre los elementos centrales de la regulación de ciertos mercados son otros tantos instrumentos para evitar el deslizamiento preocupante que constatamos en la sociedad  –parafraseando a Giovanni Sartori- desde el “homo sapiens”, que comprendía e interpretaba la realidad abstracta gracias a la lectura reflexiva; hacia el “homo insipiens”, que interpreta la realidad que le rodea como una sucesión de hechos anecdóticos carentes de estructura racional; previo paso por el “homo videns”, que ha abandonado al pernicioso vicio de leer y, por lo tanto, la funesta costumbre de pensar, gracias al bombardeo de imágenes inconexas y manipuladas al que esta sometido y del que disfruta desde su más tierna infancia.