Confusión de confusiones: una magnífica forma de celebrar el 25º aniversario de la CNMV

 “Confusión de Confusiones”: este superlativo hebraico es una síntesis magnífica de la situación de la Economía española y mundial en los albores de este nuevo año 2016. En cuanto a la Economía mundial se refiere, los países emergentes se sumergen y, con ellos, algunas de nuestras principales sociedades cotizadas (bancos y aseguradoras) les están acompañando en la inmersión. Al tiempo, los precios del petróleo descienden hasta el punto de que parecen querer volver a los pozos de los que sale esta materia prima y ocasionan desequilibrios en la economía real y en la financiera  de consecuencias, hoy por hoy, imprevisibles. En lo que se refiere a nuestro país, la opereta política de los pactos imposibles –que, viendo el elenco de actores que la pueblan, sería cómico, si no fuera trágico para nuestro bienestar y el de nuestros hijos- esta ocasionando un grado de inestabilidad tal que se ya se ha reflejado en el descalabro del Ibex 35 y en la huida de grandes inversiones que podrían haber paliado en algo el paro endémico de nuestra economía. Amén del espectáculo nada edificante de un mercadillo de escaños que hace palidecer –de envidia- a los especuladores bursátiles más avezados.

Sin embargo, con el título de esta entrada nos queremos referir a algo por completo diverso al convulso espectáculo que acabamos de describir. Por el contrario nos referimos a la edición por la CNMV, en diciembre de 2015, de la obra “Confusión de Confusiones” publicada en 1688, en Amsterdam, por el judío converso, Joseph de la Vega, nacido en la localidad de Espejo, provincia de Córdoba y formado, entre otras, en las Universidades de Córdoba y de Alcalá de Henares, que acabó recalando en la incipiente bolsa de Amsterdam.

Se trata del primer tratado bursátil conocido en la Historia y la CNMV, con muy buen criterio y para conmemorar el vigésimo quinto aniversario de la promulgación de la Ley 24/1988, ha elegido publicar una edición extraordinariamente cuidada -en la forma y en el fondo- de esta obra, junto con algunos estudios preliminares (todo ello en español y en inglés) que ayudan a comprender su significado.

En cuanto a la obra en sí, adopta la forma dialogada y así se subtitula “Diálogos curiosos entre un filósofo agudo, un mercader discreto y un accionista erudito, describiendo en negocio de las acciones, su origen su etimología, su realidad, su juego y su enredo”.

El propósito que persiguió Joseph de la Vega con su edición fue semejante al que buscamos con este blog:

“Primero, entretener el ocio con algún deleite que no menoscabe lo modesto. En segundo, describir (para los que no lo practican) un negocio que es el más real y útil que se conoce hoy en Europa. Y el tercero, mostrar con veracidad las astucias de las que se valen los tahúres que lo ensucian. Para que a unos sirva de delicia, a otros de aviso y a muchos de escarmiento”.

Con su lectura observamos, asombrados, como, desde hace 300 años, el diagnóstico de lo que sucede en el mercado de valores es –en su esencia- muy parecido al presente y, así vemos que:

Ya entonces se practicaban una gran variedad de operaciones: de contado inmediato; a plazo, tanto para especulación como para protección (de especuladores y prestamistas); de opción (denominadas “opsies”) tanto de compra (put) como de venta (call); sobre una referencia; etc. Tipología estas que nos evoca la muy compleja de las operaciones tipificadas en el Reglamento (UE) 2015/2365, sobre transparencia de las operaciones de financiación de valores y de reutilización del que dimos noticia en este blog (del que dimos cuenta en la entrada de 31.12.2015 titulada “De la banca en la sombra a la banca paralela: Reglamento sobre la transparencia  de las operaciones de financiación de valores y de reutilización”).

También hace 300 años se practicaban las especulaciones alcistas y bajistas, calificando a ambos tipos de especuladores de “tahúres de los que hay que huir como de la peste y no imitarlos nunca”.

Asimismo, la información era, entonces como ahora, la materia prima esencial que subyace al negocio bursátil, diciendo en este sentido:

“En este negocio tiene más efecto la esperanza que el mismo hecho, pues vuelan las acciones con la esperanza de un copioso dividendo o de un gran rendimiento y, llegado el hecho, muchas veces bajan, porque paró el alborozo de aquella ganancia y cesó el júbilo de aquel triunfo”.

Y, en fin, también en 1688, se advertía a los inversores sobre los peligros que acechaban sus inversiones y la necesaria prudencia para sortearlos cuando decía:

“Y a pesar de todos los devaneos, desconciertos, desvaríos, dudas e incertidumbres de las ganancias, no faltan medios para saber sencillamente hacia donde inclina la mayoría sus suposiciones, tanto en lo político como en lo fundamental”.

Este último aspecto del riesgo de pérdida del inversor poco avisado es tan cierto y actual como lo muestra la jurisprudencia constante que ha venido sancionado los excesos en la comercialización de productos financieros complejos (de la que nos hemos hecho eco, entre otras, en las entradas siguientes de este blog: la del 13.11.2015 sobre “Jurisprudencia reciente sobre la comercialización de valores por los bancos. Una advertencia más contra la generalización. Una prueba más de la utilidad del método de diagnóstico precoz” y la de 22.12.2015 sobre “El Tribunal Supremo condena a un banco que se extralimitó en la gestión de una cartera de inversión”).

Según decimos, junto a la obra en sí, la edición de la CNMV ofrece, junto a la presentación por su presidenta, algunos estudios preliminares que ayudan a comprender su significado histórico y actual, destacando los que identifican la obra como pionera del análisis conductista de las finanzas (“behavioral finance”) e identifican en ella los sesgos actuales, tales como el efecto manada, la sobreconfianza, la negociación excesiva, la sobrerreación y la infrarreacción, la aversión al arrepentimiento, etc.

En conclusión, saludamos la iniciativa magnífica que ha tenido la CNMV al conmemorar el 25º aniversario de la LMV con la edición de una obra que ayuda a comprender las categorías –que no las anécdotas- de la regulación y la supervisión del mercado de valores  y que es un auténtico tesoro para quienes nos venimos ocupando, desde hace algún tiempo, de la regulación de los mercados financieros y colaboramos modestamente en los primeros pasos que dio la CNMV.

Estoy persuadido de que volveremos a ver deambular a Joseph de la Vega por las páginas de este blog para advertirnos –desde el tiempo y la distancia- de ciertas patologías del mercado de valores que, presentándose como novedosas, son espejos del pasado por ser rabiosamente humanas. Y, para ello, nada mejor que cederle la palabra para escuchar su definición del negocio de las acciones:

“Un negocio enigmático, que es a la vez el más real y el más falso de Europa, el más noble y el más infame que conoce el mundo, el más fino y el más grosero que se practica en el orbe; conjunto de ciencias y compendio de enredos, piedra de toque de los sagaces y piedra de túmulo de los atrevidos, tesoro de ganancias y causa de desastres”.